viernes, 25 de noviembre de 2016

Héroes olvidados

Los héroes son cada vez más efímeros.
Ya no sabes a quién admirar. Fíjense en Díaz Ferrán o Mario Conde. Un día son aclamados en las universidades como doctores honoris causa y al siguiente se disputan la medalla de “recluso del año” en el top ten carcelario. Y si no, el disgusto que me llevé el día que mataron al Capitán América, el superhéroe americano de Marvel que fue capaz de vencer a todos sus enemigos menos a George W. Bush y su Patriot Act. Ya se sabe que los que se rebelan ante el poder establecido pueden morir “tiroteados” a la puerta de cualquier juzgado, como el Capitán América, o en la sede de cualquier partido, como el Soldado Sánchez.
Por eso hay que tener cuidado con las personas a quienes rendimos homenajes precipitados. Los actos honoríficos no se pueden convertir en vodeviles. Hasta hace poco, las calles se dedicaban a personas relevantes que habían fallecido o cuya muerte se barruntaba próxima. Un mal fario, no se crean. Ahora, ganas la enésima edición del Gran Hermano VIP y ya eres merecedor de una mención en el callejero local y con un poco de suerte apareces hasta en el Monopoly J.
Les cuento todo esto porque el Ayuntamiento de Alicante ha iniciado un proceso para cambiar el nombre a 46 calles y he visto entre los candidatos al “NegreLloma”. Quién le iba a decir a John Moore, nombre auténtico de este personaje legendario que murió alcoholizado en las calles de Alicante, que sustituiría al alcalde Lassaletta en el callejero de la ciudad. Hoy el Negre Lloma sería carne de CIE. Pero el azar es caprichoso. La memoria colectiva de los alicantinos ha preservado el perfil más amable de este negro descomunal cuyo nombre ha pasado a ser sinónimo de vago y sucio en el acervo popular alicantino. Según se consigna en la prensa de la época, fue detenido en varias ocasiones por acosar a mujeres o por “faltar a la moral”. La moral de los años de la dictadura de Primo de Rivera. Para contextualizar.
Luego, una pirueta macabra del destino ha alimentado la leyenda del Negre Lloma. Murió pocos días antes que José Antonio Primo de Rivera y ambos fueron enterrados, en celdas contiguas, en una fosa común. Dicen que cuando Franco ordenó la exhumación del líder falangista para trasladarlo al Valle de los Caídos, un “error” propició que los huesos del gigante negro ocuparan el ataúd destinado al fundador de la Falange. Cuenta la leyenda que la comitiva fúnebre iba acompañada de un susurro generalizado y sonrisas contenidas de los alicantinos que observaban en silencio el despropósito. Y eso que aún no se sabía que el Negre Lloma acabaría compartiendo morada eterna con el dictador. Quizá la vida del negro no mereciera una calle en su ciudad de acogida, pero la charlotada de su muerte le redimió. Justicia poética, pensarán algunos.

Las propuestas del nuevo callejero ya están en período de alegaciones. La mayoría de los que pierden su sitio de honor en las esquinas son hombres que serán sustituidos por mujeres. Muchas mujeres olvidadas, menospreciadas, invisibles. Para algunas esa será su primera y única lápida.
Para el Negre Lloma también.

viernes, 2 de octubre de 2015

Piqueras y Wyoming dejan K.O a Rajoy

La audiencia le ha dado la espalda a Rajoy. Anunciada a bombo y platillo con varios días de antelación y programada de “okupa” en el horario de la segunda edición del informativo de Antena 3, la entrevista de Gloria Lomana al presidente del Gobierno no dio la talla. Los datos de audiencia son inapelables: 1.963.000 espectadores y un 12,8% de share. A esa misma hora (21:05) a Pedro Piqueras le estaban viendo 2.784.000 personas y poco tiempo después (21:37) a Wyoming le seguían 2.208.000 espectadores. Hasta la segunda edición del informativo de TVE (2.180.000) tuvo más audiencia que la “esperada primera entrevista a Rajoy tras las elecciones catalanas” como anunciaban en las “promos” a modo de gancho. Pobre presidente que no tiene quien le escuche. Desde que llegó a Moncloa ha concedido cinco entrevistas en televisión, incluyendo esta última, y la respuesta de la audiencia es tozuda. El presidente no levantó pasiones excepto en las redes sociales donde alcanzó cuotas importantes con más de 44 mil tweets. Claro, que estas mediciones no valoran el contenido de los comentarios y lo mismo le estaban poniendo verde mientras Antena 3 presume de trending topic. Desde que Pedro Piqueras le entrevistara en su informativo en enero de este año, con el escándalo de los papeles de Bárcenas, la caja B del partido y las arengas de Aznar preguntándose “¿dónde está el PP?” en las portadas de los diarios, el poder de seducción mediática de Rajoy no ha hecho más que caer en picado. En esa entrevista de enero con Piqueras le vieron más de tres millones y medio de personas. Como debieron quedar satisfechos con la audiencia, en julio repitieron la experiencia en el informativo de Piqueras pero esta vez la audiencia bajó a la mitad (poco más de 1.800.000 espectadores). Y ahora, con Lomana en Antena 3, el resultado ha sido prácticamente similar. Con lo reñido que está el prime time, parece que a Rajoy no le queda ni un telediario. “El objetivo” de Ana Pastor, en La Sexta, obtuvo 1.847.000 espectadores en su entrevista a Artur Mas el pasado 13 de septiembre, un repunte considerable si se tiene en cuenta que este programa apenas supera el millón de espectadores. Siendo malos, incluso muy malos, podríamos concluir que hasta Mas ;) tiene más tirón mediático que Rajoy. Y eso sin entrar en detalles como por ejemplo que el posicionamiento de Antena 3 supera con creces al de La Sexta y que la audiencia de los domingos no es la misma que la de los jueves. Se me ocurre que el Presidente consiguió movilizar pulsando el botón del mando a distancia a menos gente de la que movilizaron los partidos independentistas teniendo éstos que hacer un esfuerzo muy superior yendo hasta un colegio electoral. Si estos datos de audiencia se extrapolaran al comportamiento electoral en las próximas elecciones, el equipo de campaña de Rajoy debería hacérselo mirar. Y si quiere audiencia, que vuelva a Onda Cero con Carlos Alsina. Seguro que arrasa :)

viernes, 8 de noviembre de 2013

País de cobardes










Vivo en un país de cobardes.
Cobardes los trabajadores de la banca que sabiendo el daño que infligían a los ciudadanos vendiéndoles acciones preferentes no hicieron nada por avisar a tiempo de esa tropelía que tanto daño ha causado.
Cobardes las mujeres asesinadas por no denunciar a tiempo a sus maltratadores.
Cobardes los sanitarios que han aceptado las normas de sus superiores y no atienden a inmigrantes irregulares.
Cobardes los trabajadores de la economía sumergida que no denuncian a los patrones que los ocultan en talleres inmundos, les pagan salarios de esclavitud y no les dan de alta en la seguridad social.
Cobardes todos los periodistas que defendieron y defienden la teoría de la conspiración detrás del atentado del 11-M, en contra de la sentencia de los tribunales y, seguramente, de sus propias convicciones.
Cobardes los trabajadores de RTVV, de Tele Madrid, de TVG, de TVE y tantas otras, por no sublevarse ante las directrices ideológicas que trufan muchas de las informaciones que emiten, a sabiendas de que no están contando toda la verdad.
Cobardes todos aquellos ciudadanos que dan mayorías absolutas una y otra vez a partidos corruptos y luego esperan que aparezcan héroes para que los salven de la podredumbre que ellos mismos han votado.
Me indigna escuchar cómo llaman cobardes impunemente a los trabajadores de RTVV por no haber levantado antes la voz. Miren a su alrededor, cuenten los cobardes con los que conviven y anímenlos a denunciar en voz alta la corrupción que les rodea. Luego, salgan a las calles y griten. Si lo hacen, tendrán mi respeto para siempre. Pero si no se atreven, cállense y no pidan actos heroicos al vecino.
Ustedes también son unos cobardes.

sábado, 22 de junio de 2013

El poder de las minúsculas


Hoy quiero reflexionar en voz alta y hacerles partícipes de esta sensación de vértigo que me produce hilvanar los pensamientos y dejarlos que discurran cerebro afuera. Los días que aún me planteaba de qué quería hablar, le leía a mi hija antes de dormir pasajes del Pequeño Príncipe, un libro de esos de lectura obligatoria durante mi adolescencia y que oculta muchos más secretos de los que una puede descubrir a los quince años.

Decía el piloto que dibujaba boas con elefantes en su interior que las personas mayores no desean conocer la esencia de las cosas. Que cuando haces un nuevo amigo no te preguntan por el color de sus ojos ni por el timbre de su voz. Sólo quieren saber cuántos años tiene, cuántos hermanos y cuánto gana su padre. Si decimos que tenemos una casa bella cuajada de rosales, con geranios en las ventanas y palomas sobre el tejado, nos preguntarán cuánto nos ha costado y solo entonces dirán: “qué bonita”.
Antoine de Sant Exupery hablaba de “personas mayores” pero yo comenzaba a vislumbrar el discurso androcéntrico de una sociedad que se mueve alrededor de cifras, de tantos por ciento y que entiende el progreso sólo de dos maneras: aritmética o geométricamente. Una sociedad que aceptaría la existencia del principito si le decimos que proviene del asteroide B 612. Lo esencial continúa siendo invisible para los ojos.

Y de pronto recordé lo que escuché decir en una ocasión a Victoria Sau, una señora de mente lúcida y verbo claro, que ha sido capaz de escapar al discurso oficial que rige nuestras vidas y ver el mundo con perspectiva de mujer. Tuve el privilegio de escucharla en Madrid, en un congreso de mujeres y comunicación. Dijo, así como de pasada, que sería imposible vivir en un mundo donde la única manera de comunicarse fuera la de los varones.

Informaciones que ellos generan, interpretan, transmiten y que todos consumimos. Pero sería del todo inviable construir una vida sin conocer los pormenores de nuestro entorno. Sin saber si ha muerto el tendero de la esquina, si la vecina del entresuelo se ha divorciado o si van a abrir un supermercado en el barrio y necesitan cajeras. Pareciera que la única información que importa ser transmitida es la que figura bajo los epígrafes de política, economía, judicial, deportiva o Cultura con mayúsculas.
Todos los demás contenidos que llenan y hacen transitable nuestra existencia cotidiana aparecen como accesorios, prescindibles. Todos jugamos a este juego antiguo; las mujeres también. Tras siglos de silencio hemos aprendido mucho. Que esas son las reglas y si queremos participar en la partida, las hemos de acatar.
Pero tenía razón Victoria Sau. El mundo no se puede entender ni disfrutar con ese tipo de comunicación sesgada.

Los datos del IPC serán muy importantes, pero lo que realmente quieren decir es que han subido los libros del colegio de los niños y que el precio de las alcachofas se ha disparado por las heladas de enero. Dicho así parece un tema menor, charlas de mercado. Si el Banco Central Europeo decide subir el precio del dinero y el euribor se incrementa dos décimas, nosotras traducimos: pagaremos más por la hipoteca.
Si la OPEP recorta las exportaciones petrolíferas, gran titular de economía, lo que nosotras entendemos es que subirá la luz y que con treinta euros de gasolina no pasaremos la semana. Si televisan la final de la Champions: ya podemos ir haciendo planes para el miércoles. La información es la misma, sólo la lectura es diferente, cercana, con nombres y apellidos.

No son necesarios los neologismos ni los discursos grandilocuentes que la mayoría de las veces sólo esconden ignorancia. Una vez, un prestigioso economista que nos impartía un curso de lenguaje económico para periodistas nos dijo que la sencillez es un enemigo mortal para los presuntuosos. Que si alguien no tiene nada que decir o no sabe lo que dice, lo envuelve en multitud de oraciones subordinadas, aleja premeditamente el sujeto del predicado, lo disfraza de discurso pretencioso y oculta su ignorancia tras un argot ininteligible.

A estos oradores de mayúsculas se les desarma con la simplicidad de lo cotidiano. Un lenguaje que nosotras manejamos muy bien y que, desgraciadamente, no somos conscientes de su valor, del poder de las minúsculas.
Son esas letras minúsculas, las grandes ausentes de la historia del mundo, las que le dan el auténtico sentido a nuestras vidas. Esas letras minúsculas que no aparecen en los textos de la historia oficial. Que nunca ganaron guerras ni colonizaron continentes ni usurparon tronos ni fundaron religiones.
Pero son precisamente esas minúsculas, las que se escriben con caligrafía dispar, con acentos y diéresis, las que pueblan el mundo, las que paren héroes, fraguan rebeliones y alimentan a las tropas. Las que siembran y recogen cosechas, las víctimas de todas las tropelías que engrandecen a capitanes y monarcas, las que saben a ciencia cierta, y hasta con decimales, lo que cuesta ganarse el pan con el sudor de la frente. Las que han aprendido a leer entre líneas mucho antes que a leer entre libros. Las que pierden la virginidad junto con el apellido. Las que llevan arrugas tatuadas en la piel. Las bases de todas las torres.

Esas son las constructoras de este mundo con minúsculas que yo reivindico hoy. Fíjense en las mayúsculas. Todas letras igualitas, de la misma altura, cortadas por el mismo patrón. No hay diferencias después del punto, todas se escriben hacia arriba, con cajas altas. Letras de titulares, letras para miopes.
Y nosotras, con nuestras minúsculas. Con nuestras bes bien arriba y nuestras pes bien abajo. Con nuestros puntos sobre las jotas y sobre las íes, nuestras variedades de aes y de eses. Las que vivimos como escribimos, en minúsculas, nos dejamos ver el alma en nuestra caligrafía.

Pero, desgraciadamente, hace poco que hemos empezado a formar parte de la historia del mundo. Hace poco que hemos tomado conciencia de la importancia de la letra pequeña, esa que hay que leerse bien despacio para que no nos tomen el pelo. La letra menuda que pone todos los matices. Hay que leer mucho y mirar con otros ojos para darse cuenta de que en un texto, como en la vida, por cada letra mayúscula que encabeza un párrafo, hay cientos de minúsculas que en realidad son las que cuentan la historia y sus pormenores.

Decía una profesora mía que las mujeres, los niños, los negros y los pobres somos las víctimas de la Historia, con mayúsculas. Debe de ser por eso que la palabra víctima es femenina. Hoy estoy contenta de de asistir a esta entrega de premios donde las mujeres han tomado la palabra.
Hace tres años que soy jurado de este premio y por delante de mis ojos he visto desfilar muchos corazones ataviados solamente con palabras. He leído historias antiguas, de viajes sin regreso, de soledades irreparables. He conocido mujeres fuertes que sabían barruntar tormentas en ojos ajenos, que amaban a hombres que nunca lo supieron, que vivieron con hombres que nunca las amaron.
Entre mis dedos han quedado restos del color del azafrán que empaquetaban, del esparto de sus alpargatas y de la arena de su primera playa. He reído con aventureras de salón, con robinsonas de sí mismas y neuróticas de fin de semana. Me han enternecido en su lucha cotidiana contra los espejos, contra hijos que nunca acaban de crecer y amantes incapaces de conjugar el tiempo futuro de los verbos.
Me han enseñado a sus abuelos que crearon nuevas estirpes allende los océanos y he sentido todo el dolor que produce el silencio, la vuelta a la nada, el miedo que revienta en cardenales. Las mujeres han hablado mucho de sí mismas, de lo que quisieron ser y no fueron, de lo que son pero no desearon ser, de lo que están empezando a ser y de lo que nunca serán.
La palabra ser, que es al mismo tiempo verbo y sustantivo, está muy presente en las narraciones de las mujeres que podido leer. Muchas, la mayoría, estoy segura de que hablaban de ellas mismas. Otras se escapaban en almas ajenas, en cuerpos ajenos que gozaban mucho más de lo que les han enseñado a disfrutar. Algunas han mostrado un ácido sentido del humor, corrosivo hasta en sus últimas voluntades.
Todas, excepto unas cuantas, permanecerán siempre en el anonimato. Pero estas mujeres, muchas de las cuales no llegaron a escribir nunca ni un diario de adolescentes, han perdido el miedo a las palabras y han roto la inmensa cadena que nos ha sumido durante siglos en la inexistencia. Que nos ha convertido en personajes de reparto de una película muda.

Quizá algún día, generaciones venideras encontrarán en un biblioteca los libros que edita la Direcció General de la Dona con los relatos de estas mujeres y puedan volver a revivir lo que sintieron y vivieron aquellas que los escribieron.
Esa sería otra historia paralela, escrita con todas las minúsculas del alfabeto femenino.
(Discurso para la entrega de premios del III Concurs literari de narrativa per a dones)

jueves, 29 de noviembre de 2012

Luz de gas

                                                                                                                                                    Existen muchas maneras de morir.
Tantas como víctimas sin funeral.
Existen muchas maneras de matar.
Tantas como verdugos sin rostro que saben administrar sutilmente el veneno más mortífero y eficaz; aquel que no deja rastro ni posibilidad de condena.

Estas víctimas y verdugos, que no constan en las estadísticas, se esconden a menudo tras la puerta de al lado y, a veces, si nos atrevemos a levantar la máscara, quizá en nuestras propias casas.
Es una violencia agazapada en los dormitorios, que no deja marcas en la piel.
Un bebedizo letal que ataca directamente el alma y que se extiende con parsimonia hasta crear cadáveres ambulantes. Antes suele romper el corazón aunque los médicos no detecten los añicos a través de los electrocardiogramas.
Los sentidos, con el desuso, se vuelven inoperantes. Se apaga la luz de los ojos, los oídos se niegan a escuchar los mensajes asesinos, la boca olvida la risa y el sabor de los besos. No hay caricias para las manos y las lágrimas embozan la nariz provocando una sutil voz nasalizada.
Busquen los síntomas, intenten descifrar cuántas de las mujeres que se han cruzado hoy en su camino sufren este mal, una enfermedad ignota que ni ellas saben que padecen.
La indiferencia, el menosprecio cotidiano, la humillación, la explotación doméstica, la violación por derecho o el abandono sexual dejan secuelas en el cerebro. Pueden asomarse a la cara en forma de depresión, agudizando neurosis o despertando otros males mentales más agresivos que las convierten en carne de psiquiátrico. A veces las trombosis más agudas tienen su origen en el alma. Muchas minusvalías físicas esconden una persona maltratada, casi siempre mujer, que nunca aparecerá en las estadísticas del ministerio de turno.
Que alguien encuentre rápido algún antídoto para todas estas enfermas crónicas que reciben regularmente su dosis de veneno, su sesión diaria de luz de gas en la más estricta impunidad.

miércoles, 18 de julio de 2012

RTVV Obituario. 2ª Parte.


Rojos, catalanistas y maricones.
Ésa era la plantilla de RTVV cuando el PP llegó al gobierno de la Generalitat en 1995, apenas cinco años después del inicio de las emisiones,  y tomó posesión de sus nuevos dominios.
 “¿Y tú en qué categoría entras?”
Esa pregunta era la primera vez que circulaba entre los trabajadores porque hasta entonces nadie se había interesado por sus perfiles ideológicos. Para entrar pedían titulación, conocimiento oral y escrito del valenciano (no para joder, como algunos pensaban, sino para poder trabajar), experiencia y profesionalidad, pero nunca filiación política ni afinidad ideológica. En realidad, entre la plantilla original de RTVV había un muestrario variopinto de personas con las que podías ir a tomarte unas cervezas, o no, pero cuando se ponían detrás o delante de la cámara solo había grandes profesionales de la información. Llegaron del Levante, de Las Provincias, de la SER, de la COPE, de RNE o recién salidos de la universidad. Había quien comulgaba a diario y quien hablaba “catalán en la intimidad”, quien guardaba las plumas antes de pasar por la recepción y quien cumplía a rajatabla todos los mandamientos. No se sabía qué votaban ni puñetera falta que hacía, porque no estaban allí para hacer política sino para hacer periodismo en valenciano.

Pero los recién estrenados comisarios que desembarcaron en los despachos y en las cabinas de mando no escondían el desprecio que sentían por la redacción de informativos. Nos sentíamos observados, amenazados y humillados. Sembraron la sospecha, premiaron la delación y pasaron lista. Una lista muy negra y muy larga.  
Pusieron una cruz al lado de nuestros nombres y nos crucificaron: ésta es roja, ése maricón, aquella es catalanista, a este otro ponle tres cruces porque lo tiene todo...

Y así fue cómo una plantilla compuesta por medio millar de trabajadores se duplicó y luego se triplicó. Así fue cómo los periodistas expertos en política local tuvieron que aprender deportes autóctonos como la pilota valenciana. Los especialistas en internacional que habían cubierto la Guerra del Golfo acabaron sus días haciendo fiestas locales. Los que cubrían las Cortes se acostumbraron a hacer noticias de agricultura. Punt 2 nació con una clara vocación de cementerio donde sepultaron en vida a lo más granado del periodismo valenciano. Su único delito fue haber conseguido trabajo, la mayoría después de haber aprobado unas duras oposiciones, mientras gobernaba el PSOE en la Generalitat.

Las nuevas remesas eran más dóciles, más jóvenes y también, por qué no decirlo, más ignorantes. En la redacción había que explicarles quién era quién en el panorama político y social valenciano e incluso había que escribirles los textos en valenciano. Con la era Zaplana comenzó el declive de RTVV que se convirtió en poco tiempo en su cortijo particular con sede central en Benidorm. Y comenzaron a llegar los hijos de, los primos de, las novias de, los compadres y los correligionarios que se extendieron por todas las secciones existentes y por las nuevas que se crearon ad hoc.
Luego Camps, como tampoco se fiaba de los trabajadores que habían entrado de la mano de su antecesor, volvió a ampliar la plantilla con personas afines. A Fabra no le ha dado tiempo. Canal 9 reventó por los cuatro costados.

La estrategia les ha salido perfecta. No creían en una RTVV pública y de calidad pero como su “religión” les prohibía matar dejaron que se muriera lentamente. Ahora, al albur de la crisis económica y tras haber hecho trizas la reputación de Canal 9, han decidido provocarle un coma inducido. Durante estos últimos 17 años, la usaron, la convirtieron en un juguete caro y estúpido. Y ahora que ya son mayores no necesitan seguir jugando.
Pobre juguete roto.  

martes, 17 de julio de 2012

RTVV Obituari. 1ª part.


“Què li pareix a vostè l’arribada del Canal Nou?” – va preguntar el periodista a un llaurador del Vinalopó Mitjà mentre regava el seu hort - “A mi molt bé. Tot el que siga bo per al camp...”, va respondre l’agricultor. L’home, que no havia vist més “carxofes” que les que ell mateix conreava, ni coneixia més canals que els de rec, va deixar bocabadat el periodista que no sabia si li estava prenent el pèl o anava amb segones.
Sense voler-ho, el camperol es va convertir en el testimoni estrella.
Era la tardor del 1989 i a Canal 9 s’estava preparant tot un seguit de vídeos amb l’opinió del valencians sobre  la nova televisió autonòmica,  per emetre’ls el dia de l’estrena prevista per al 9 d’octubre.
Poc abans, al setembre, havíem patit l’enèsim episodi de gota freda a la Comunitat i els primers equips ja havien gravat molt material audiovisual sobre les desfetes causades per la nostra capritxosa climatologia. Feien “nevera”. Començava així la història en betacam de tot un poble que mai s’havia mirat de prop al mirall.
Per primera vegada, una televisió mostrava amb detall la vida quotidiana dels valencians, des de Vinaròs al Pilar de la Horadada i ens podíem reconèixer en eixa geografia humana que parlava valencià amb accents multicolors. Amb l’apitxat de les Hortes, amb la dolçor cantarina de les comarques centrals, amb el trencaclosques de les llengües frontereres dels Vinalopós o amb el castellà “amurcianat” del Baix Segura.
Calia “fer país” d’un territori massa allargat que vivia d’esquenes a la seua pròpia història. Eixa havia de ser una de les titàniques tasques que donaven sentit a la creació d’una televisió autonòmica. Donar prestigi social a una llengua quasi clandestina que s’avergonyia de si mateixa només creuar la porta de casa era un altre gran far que guiava l’esperit del Canal 9 que jo vaig conèixer i estimar. Però n’hi havia més: ensenyar a amar la cultura autòctona, conèixer les recents institucions autonòmiques, posar-li cara al “Molt Honorable” i els seus consellers de torn...

Va ser una bona època per als periodistes. Només que saberes una mica de valencià, après o heretat, hi havia treball a manta. Per això estaven els lingüistes (treballadors claus en el naixement de Canal 9 i que han mort amb ell), per crear del no res un idioma tant a mig camí de tot que ningú s’hi reconeixia. D’això que en diuen valencià estàndar.
Jo recorde sessions telefòniques interminables amb el lingüista de torn per aprendre a pronunciar correctament la s sonora de casa i la e oberta d’audiència. És el que tenim els castellanoparlants,  que si ens trauen de les cinc vocals bàsiques no anem gaire lluny. Per això, abans que se m’oblide, vull agrair el treball que van fer amb mi eixos abnegats lingüistes per fer-me definitivament bilingüe. Jo he après a parlar i a escriure valencià amb Canal 9, que el Senyor tinga a la glòria.
Però un dia van arribar ells... (continuarà)